Vigo Navega

Delante del dinero, navegamos

Círculo

El mar golpea las rocas. Delante tuya, algunos barcos cruzan la Ría. Unos, salen hacia las Cíes. Otros, regresan al puerto. Detrás las fábricas continuan con su trabajo mientras algún coche pasa de vez en cuando. Se respira tranquilidad, y mucho olor a pescado.

A las dos de la tarde, la lluvia da una tregua a los conductores que van hacia sus casas para comer. En un paso de cebra, cerca de Plaza de Independencia, el semáforo se encuentra en verde para peatones. Sin embargo, una señora permanece inmóvil al borde de la acera.

Así, en la escena todos los protagonistas están quietos mirándose unos a otros. Los coches miran a las motos, las motos a la señora que no cruza aunque está en verde y la señora que mira…. ¿al semáforo?

Entonces el semáforo cambia su posición y se pone en rojo para peatones. Contra todo pronóstico la señora dice “Ahora!” y empieza a cruzar. Hay cierto desconcierto entre la primera línea de automovilistas. La señora se da cuenta de que algo no va bien y después de dar dos pasos dice:

- ¡Ah! ¡Yo soy tonta!

Dándose cuenta de que había esperado cuando estaba en verde y empezado a cruzar cuando estaba en rojo (que ya es difícil de cojones hacerlo al revés, pero bueno)
En todo caso, la señora, que ya está metida en el fregado, decide terminar de cruzar.

- Buen trabajo chicos, ya podemos dar por terminada la Navidad.
- ¡Pero aun quedan las rebajas!
- Ese no es nuestro mundo ya, recoged todo que nos vamos.
- ¿Podremos descansar ahora?
- ¿Qué dices? Ahora tenemos que prepararnos para los Carnavales.

- ¿Dónde vas a cenar?
- Esta noche en casa de mis padres. En fin de año vendrán ellos a la mía.
- Muy bien. Cena en casa, sí señor. ¿Saldrás después?
- No… después de cenar tengo que ir a trabajar.
- ¿Y eso?
- Ya ves, espero terminar pronto…
- Suerte.

¡Llegaron las luces del Corte Inglés!

Para recordarnos, por si había algún despistado, que ya estamos en Navidad. El mejor truco para no caer en la tentación de las compras compulsivas es no tener dinero. Por lo menos a mí siempre me funciona, se lo recomiendo a todo el mundo.

Lástima que el centro comercial de a Laxe no esté abierta para estas navidades. Así podríamos ver si es tan feo por dentro como por fuera. Ese auténtico bunker de hormigón que nos han colocado nos sienta como cuando vamos al cine y se nos coloca Marge Simpson en el asiento de delante. No podemos querer que los turistas de los cruceros visiten toda la ciudad y luego colocarles un centro comercial a pie de crucero, porque no saldrán de él.

¿No es cierto?

Correos (y 2)

- El caso es que vine el viernes a la tarde por aquí a recoger el paquete y estaba cerrado.
- Sí, es que en agosto cerramos por las tardes.
- Ah, es que en el papel ponía que podía venir a recogerlo hasta las 20.30 de la tarde.
- Ya, es que (aquí dice algo ininteligible, y al terminar me mira con cara de cordero degollado)
- Entiendo…

 Fin del misterio.

Es que en Vigo hay muchas cuestas

Esta es la historia de cómo descubrí que en Vigo había cuestas. Llevaba toda la vida viviendo en Vigo, y había visitado otras ciudades con lo cual podía comparar, pero nunca me había fijado en ese detalle. Supongo que será una de esas cosas que tienes delante pero que no ves hasta que te las dicen. Debía tener yo sobre 16 ó 17 años cuando me dijeron:

- Es que en Vigo las calles tienen muchas cuestas.
- Coño, pues es verdad.

¿Y cómo no me había dado cuenta antes? Desde ese momento cada vez que camino por la calle no puedo dejar de pensar en que hay cuestas por todos lados. Había estado en otras ciudades como Madrid, Lugo, Coruña, pero nunca me había fijado. Me lo tomaba como algo natural. Para mí lo más lógico es que las calles de una ciudad fueran pendientes, era lo más normal. Pero a partir de aquel día empecé a ver cuestas por todos lados.

Estos son algunos de los comentarios que mis micrófonos repartidos por la ciudad recogieron al respecto:

- Ya podían poner un tobogán de tu casa a la mía.
- Ya podían poner unas escaleras mecánicas hasta el Corte.
- Ya podían poner un teleférico.
- Ya podías llevarme a caballito.

Ahí quedan esas sugerencias por si algún responsable quiere tomar nota. Yo voto por poner escaleras mecánicas en la mediana de Gran Vía desde Plaza América hasta Urzáiz alimentados con placas solares.

29 de agosto

Se termina agosto, y con él psicológicamente también termina el verano. Aunque este año ha sido casi inexistente.

A veces me pregunto si sería bueno probar suerte en otras ciudades más grandes: Madrid, Barcelona, Valencia… donde haya más trabajos y más oportunidades para triunfar en la vida. Entonces salgo a la calle y me doy cuenta de que tengo un problema: estoy enamorado de Vigo y me es imposible abandonarla. Así que si quiero hacerme rico, tendrá que ser aquí.

No hay nada como una tarde de sábado nublado, para descubrir tu ciudad.

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